domingo, 15 de agosto de 2010

La Virgen de la Candelaria

Eran las once de la mañana y estaba todo oscuro. Un ruido de licuadora se escuchaba a lo lejos. Pensar que ese ruido podría ser el comienzo de una nueva vida me llenaba de esperanza.

Tenía el estómago vacío. Nadie hablaba y yo abría los ojos a la oscuridad pensando en mi familia. Dos hijos, una mujer hermosa y el verano en Tongoy con el Flaco Gonzalez y sus cabros chicos. Lo pasamos la raja. Hasta el perro se metía en las olas a buscar los cochahuyos que les tiraba el Felipito.

Ya habían pasado diez días. Seguramente estaría la grande en Chile con lo que está pasando. Terremoto por el sur hace pocos meses y ahora mineros atrapados en el norte.

Ayer se murió el Juan. La deshidratación, las nauseas de saliva y su herida expuesta lo hicieron descansar eternamente. Les dije a mis compañeros que hiciéramos un responso y que lo enterráramos cerquita, como un mátir, en la tierra donde nació, trabajó y lo vio irse.

Aunque han pasado muchos días, estamos más calmados que cuando nos quedamos atrapados. El Guatón ha tomado el liderazgo y sabe mucho de las minas. Nos dijo que nos dejáramos de huebear porque nos sacaban seguro al otro día. Respiramos profundo. Y con el polvo de la tierra en nuestras narices nos calmamos.

Karen, te amo. No sabís cuánto me hacís falta. Siento que estai al lado mío, sentada en esa roca de mierda que me ha acompañado estos diez días.

Salve, salve, Virgen morenita -repitió el Sergio más de cien veces. Las había contado hasta que dos brazos apagaron la oración.

¡Cállate hueón, me tenís enfermo! -gritaba la voz del Román. Era el minero más choro, el más foulero en las pichangas y parte del sindicato.

Le dije que se calmara.

A pesar de que no creía en nada, hoy se celebraba la fiesta de la Virgen de la Candelaria.

Justo en ese momento la tierra empezó a vibrar. El ruido de la licuadora ahora nos dejaba sordos.

Una luz bajaba hacia nosotros.

¡Salve, salve, Virgen morenita! -decía con más fuerza el Sergio.

3 comentarios:

  1. En verdad difícil la situación de los mineros. --Caso aparte el sufrimiento de las familias-
    Ojalá logren sacarlos pronto.
    Ojalá sanos y salvos.
    Pero por sobre todo espero que situaciones como estas sean tomadas en cuenta para que no sucedan nuevamente.

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  2. Impresionante tu texto, Pablo

    Coincido con Carolina. No sé si la Virgen de la Candelaria puede hacer algo por estos mineros, pero ojalá esto sirva para que no vuelva a ocurrir. Al menos, no por negligencia o fallos en la seguridad.
    Ojalá también que los responsables lleguen a saber lo que es estar encerrado, aunque una celda siempre será mejor que las profundidades de la tierra.

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  3. piola...
    buena descripción
    aun no se que decir con respecto a los mineros...

    (nunca supe que tenias un blog)

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