jueves, 18 de noviembre de 2010

La peor forma de terminar el día

"Por lo cual, tienen un poder coercitivo que se expresa de distinta forma (reglas de conducta, conciencia colectiva, fuerza física)"

Listo. Había terminado la segunda prueba de teoría sociológica.

Pasaron diez minutos y ahora caminaba al lado de La Moneda. Con su gigante bandera totémica que me saludaba imponentemente. No le compraba nada de lo que me decía.

A lo lejos, más de cien personas corrían hacia donde yo estaba por la Alameda. Paré de caminar. Vi un guanaco que escupía cada vez más cerca mío.

No me alcanzó. Perdí a mis compañeros de universidad con los que iba a ir a carretear y entré a un edificio. Un par de tipos se lanzaron a la pileta y les dieron de recompensa cuatro lumazos y patadas de fútbol disimuladas.

Pensé que había todo temrinado. ¡Pamplinas! igual caminé viendo como les pegaban a los manifestantes en la entrada de la microverdeoscuro. También como empujaban y no dejaban grabar a un tipo que tenía una cámara.

Es un espacio público y tiene toda la libertad para grabar -le dije al mastodonteverde.

¡GRRRAAAGTH muévete tú! -me gritaba, empujándome con una luma en la mano.

No me empuje, si ya me estaba retirando del lugar -le respondí.

Me volvió a empujar.

¡No le he hecho nada a usted para que me empuje!

Me agarró del brazo y me empujó hacia las tortugas ninjas. Ví como tres ahora me doblaban los brazos para mo moverme y me tiraban a la microverde.

Subí y las lumas, botas y brazos moreteados volaban adentro. Atiné a sentarme al lado del chofer. Adentro peleaban veinte manifestantes contra seis carabineros.

¿Y vó que hacís acá? ¡Muevete! -me gritaba el chofer, llamando a un paco para que me sacara.

Casi me pegan. Me senté al fondo de la micro y me quedé viendo la escena.

Me acordé de las historias que me contaba mi vieja sobre la dictadura. Pensé que hubiera sido lo mismo pero con metralletas, electricidad, torutas y muerte.

Menosmal que estábamos en democracia.

Me sacaron a las 23:30 después de haber visto a dos personas amenazando con suicidarse en el techo de la cancha de la comisaría, de haber visto a un carabinero dejando inconsciente a un detenido, de haber escuchado de un paco que mató a un delicuente sin remordimiento y haber gritado mi rut con mi espalda en una muralla formado junto a treinta personas en fila.