sábado, 17 de julio de 2010

World Press Photo 2010

Habían pasado diez minutos. Igual la llamé para decirle que estaba en Baquedano. Fuck; se demoraba más de la cuenta el comercial que tenía que grabar.

Puta filo. Subí a la superficie y me encontré con el Wolrd Press Photo 2010.

Cuático. Para mirar cada foto sus cinco minutos.

Se me olvidó que me habían dejado plantado.



Del 14 de julio y hasta el 15 de agosto, Sala Fundación Telefónica.

miércoles, 14 de julio de 2010

Caña de pescar

Caña de pescar y un televisor encendido en la oreja. En cama, el sonido del pijama con el plumón suenan como rastrillo en el cemento. La aspiradora que te aspira la cara deforme. En el baño, un espejo; cara pálida desfazada dos segundos por movimiento facial. La velocidad del cuerpo es más lenta que el de las neuronas. Sol de mierda, no quiero luz.

No más tequila.

jueves, 8 de julio de 2010

Habían soplado las velas del cumpleaños

Hojas cafés y olor a humedad. Con el corazón en la garganta -que me levanta el dedo del medio- a uno bajo cero en polera sin mangas. Trotando.

Te queda poquito pa' alcanzarla -me decía un jardinero arrugado con manos secas.

Tenía un trasero de mina de veinte años a cinco metros míos.

Terminé a los veinte minutos hecho bolsa. Caminaba después a mi casa. Las manos hundidas en los bolsillos, estirando el buzo y los hombros en el cuello. Mirando al cielo y la cordillera con la nieve manchada de grismog. En mi volá de universitario que ve todo abstracto, nada total, todo válido, todo diferente.

Auto frena. Golpe. Dos piernas dan vueltas en el aire. Habían rayado la obra de arte. Habían reventado el globo. Habían soplado las velas del cumpleaños.

Siento que alguien me tira de los pies y me deja en el suelo. Ese suelo gris de chicles oscuros pegados.

Volvía a donde siempre estuve. Un auto rojo con los vidrios rotos, gente amarrada a la escena y un pobre viejo tirado en el suelo.

Corrí a la comisaría que estaba a nada de cuadras. Llegué con un carabinero a la escena.

Y el imbécil del conductor ponía cara de yonohicenada y se excusaba.

Lo putié. Por que aparte de haberme tirado de los pies, atropelló a una persona en paso de cebra. No tenía justificación: La cebra tenía la razón.

Pero justificación le daba un troll cívico, el que siempre sale colado de la multitud. Lo defendía. Otro imbécil más. Otra puteada más.

¿Está todo bien? -le pregunté al Jefe Gorgory verde.

Si, está todo bien.

Todo bien pero yo no. Me habían despertado de un sueño que nunca fue.


Wassily Kandinsky, Zigzag blanco, 1922