sábado, 13 de agosto de 2011

Cota Mil Quinientos

Iba en subida y cada vez habían casas más cuáticas. Como que todo eran medios.

Medios autos, medias minas, medias casas, media vista, medios perros.

Era el único en la micro y me bajé para llegar a la casa de la Paty. Es la conviviente del Pepo, mi tío. Los dos médicos viajeros en congresos mundiales de medicina habitualmente y muy buenas personas. La Paty igual termina siendo mi tía y bacán. Un siete.

Toqué el timbre, suena una canción dulce y un perro Goldenretriever.

¿Qué pasa ralph? -le dije acercando mi mano para que me oliera.

Entré y me senté a la mesa. Estaban mis viejos y familiares de la Paty. Estaba en la cota mil quinientos. En San Carlos de Apoquindo. Donde la "realidad" llega por el tipo que lanza El Mercurio los sábados en el antejardín.

Bueno Pablo, aquí hemos discutido harto sobre la educación y necesitamos tu opinión -me dijo el Pepo.

Bueno, el Gobierno quiere mejorar este sistema, nosotros lo queremos cambiar. El gobierno no quiere, nosotros vamos a seguir.

Y ahí empezó el debate y comentarios al aire como "¿Hay Liceos en las poblaciones?; Tienen que estudiar no más; En la universidad de los Andes yo huelo universidad"

Familia de centro izquierda-DC.

Paré la conversación. Les dije que aquí existen todavía dos Chiles.

Le dije individualista a la Paty y que estábamos todos en un sistema cultural de puta madre.

martes, 2 de agosto de 2011

fuego

Había llegado a la casa de la Cóniko. Estaba de cumpleaños e hizo una fiesta de disfraces. Me disfracé de Cazselly.

Y mientras hablaba con la Julia -una compañera de la Cóniko que estudia Literatura- a lo lejos, se veía una gitana estupenda.

Julia, ¿sabís que? no sé como hacer para meterle conversa a esa mina de allá -le dije apuntando con el vaso de piscola.

Puta no sé, en volá te podís meter al grupo de a poco y le empezai a hablar.

¿Sabís qué? filo no más, mejor no calentarme la cabeza, si igual no me da la perso para hablarle.

Derrepente me tocan la espalda.

¿Tenís fuego? -me preguntaba la gitana.

Eh, no, no tengo -le respondí indiferente.

Imbécil.

Volvió a su grupo y encendió su cigarro con el fuego de uno de sus amigos.

Imbécil.