lunes, 14 de junio de 2010

Hablando con Jorge Gonzalez

Llegó mi hermano amurrado. Como pendejo que está a punto de llorar pero no llora. Le robaron el celular en el metro.

¿Qué pasó hueón?

Na' me robaron el celular en el metro, un flaite culiao, duró una semana la hueá -me dijo.

Descolgué el teléfono de mi casa y llamé. Tres veces me cortaron; la cuarta me respondieron.

Aló? -me respondía un viejo con tono culto-flaite.

Aló, este celular es de mi hermano, por qué lo tiene usted?

Ah, no me... me lo encontré.

Ya... y cómo lo podemos hacer para que me lo devuelva?

Yo, yo no puedo, vivo en una villa de Buin.

Pero nos podemos juntar?

Sí, mañana en el centro a las 7 de la tarde.

Mejor en el metro Tobalaba a las 7, le tinca?

Ya.

Tiene usted un celular para contactarme con usted?

No, no tengo, sólo este.

Y su número de casa cuál es?

No, no tengo teléfono.

Y algún mail?

Tampoco, todavía no llega el interné a la villa.

Usted cómo se llama, disculpe?

Jorge Gonzalez, como el de los prisioneros.

Já. Y... entonces mañana a las 7 de la tarde en Tobalaba, puedo confiar en usted, cierto?

Si, si.

Okey, chao.

Chao.

(¡Chao, conchetumadre!)

1 comentario:

  1. Espero la segunda parte. Sería una sorpresa que fuera...
    Hace muchos años me atracaron, y el asaltante quedó conmigo para el día siguiente para devolverme mis pertenencias. Pensaba desempeñarlas después de su dosis... Inocente de mí acudí a la cita. Me dio plantón, obvio.

    Un abrazo

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