Se murió. Se mató. Chao vida. Chao Ulises.
Por celos, por depresión, por el alcohol, con pastillas y una cuerda.
Era el portero del colegio de mi hermano, ahora mi hermano está en el Luis Campino, pero antes estaba en el Larraín.
El colegio, que está al frente de mi casa, era como un pueblo de campo con harta tierra seca; todos se conocían.
Lo pillaron en la cancha, solo, con el frío de la lluvia y del trueno más fuerte que se ha sentido en la manzana.
Tocaron la puerta de mi casa: ¡El Ulises se mató!
Me desperté y mi vieja se puso a llorar.
domingo, 23 de mayo de 2010
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Cuando me entero de algún suicidio siempre me pregunto si se pudo haber evitado. Y de haberse podido, me pregunto si habría valido la pena, si acaso el suicida se decidiría a vivir o buscaría otra ocasión para intentarlo. Porque de ser así, sólo cabe desear que ahora por fin descanse en paz.
ResponderEliminarYo lo encuentro cobarde, por la razón que sea.
ResponderEliminarSin duda el suicida es cobarde ante la vida. Nadie puede discutir eso. Pero si tenemos en cuenta todas las perspectivas, también podemos considerarlo valiente ante la vida.
ResponderEliminarLo que quiero decir es que cuando alguien realmente tomó la decisión de no vivir, a veces ya no hay nada que hacer. Triste, pero así es.
Y como mencionaste los celos entre las posibles causas, siempre pienso en ésos que matan a su mujer (o familia) y luego se suicidan y me pregunto por qué no empiezan por sí mismos...
Perdón, quería decir valiente ante la muerte
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