
Siempre pasa que enontramos freak a algo que pasó; por ejemplo las tirbus urbanas que han aparecido hace cuatro o cinco años han sido lo menos importante para mí. Sin embargo en veinte años más se va a recordar a los pokemones o pelo lais como los hippies o punkies de antaño.
Esta década 00, así como la de los ochenta y noventa, fue para los jóvenes bajo la onda egocéntrica. Los 20 post del fotolog, los 300 para el gold, las mejores fotos, las mejores poses, lo más producido posible. El facebook: mis fotos, mis opiniones, mis videos, mis amigos. El blog (jaja): mis columnas, los comentarios, más opiniones, más comentarios. El messenger: el nick con más huebás, la cuenta con más contactos. El foro: mis números de post, mi popularidad dentro de una comunidad virtual, mis mejores aportes, mis debates ganados, mi prestigio, ser newbie, usuario frencuente, moderador, moderador global, admin. Los juegos virtuales: mi cuenta, mi mono, mi level, mis mejores armas, mi prestigio, mi liderazgo en el servidor, mi guild, mi casa, ser noob, high level, game master, y yo y mi photoshop.
Y del computador a la vida cotidiana.
Los viernes en la tarde se juntan en el Eurocentro ya no jóvenes de la misma onda -como antes eran pokemones, visual, otakus, etc- , es como una cazuela de tribus urbanas. Como lo que va quedando. He cachando que se visten de negro, pelo escondido, y materiales decorativos para alimentar su personalidad 2.0, la del Madara Sasuke o del NeoGraz230. Como no tienen los emoticones o los fotolog's en la vida real, se parchan una identidad con chapitas, llaveros, orejas de gato (que simboliza la virginidad).
Esta egocultura es la que domina ahora a los introvertidos: si no puedo decirle a una mina lo que pienso, lo digo con la estética y soy malo, y soy sensible porque veo a Karatuto.
La próxima semana voy a un evento animé cosplay y todas las manos.
Definitivamente, estoy muy desfasada. Creo que me he perdido un par de décadas y otra que me perderé antes de que mi hija me pueda contar cuáles son las nuevas tribus. Menos mal que tú eres buen cronista.
ResponderEliminarUn beso